Grupo Espírita María de Nazaret

Reflexiones

 

La Paz en el Mundo Vendrá de los Hogares

La naturaleza respiraba perfumes suaves, carreados en los brazos de los vientos leves.

Agitaban en las mentes y en los corazones ansiedades hechas de alegrías y expectativas.

Juan, el discípulo amado, se acercó a Jesús y, con serenidad, preguntó:

Cuando decimos que Dios es nuestro Padre Amantísimo, porque es el Creador de todas las cosas, debemos entender que todos somos hermanos, ¿mismo en relación a aquellos que se alejan de nosotros y nos detestan?

Sin duda, Juan – confirmó el Amigo – Los malos e indiferentes, los perversos y odiosos también son nuestros hermanos, pues si fuera al contrario, concordaríamos que existiría un otro Genitor Divino.

Pertenecemos todos a la familia universal, conectados, unos a los otros, por la misma energía que a todo dio origen.

A fin de que el amor se establezca entre las criaturas de conducta y de sentimientos tan difíciles, el Excelso Padre hizo al ser humano también co-criador.

Así contribuye con Él para el crecimiento de cada uno, a través de la unión conyugal, del cual surge la familia consanguínea, que es la precursora de la universal

Gracias a la unión de los individuos por la sangre, surgen las oportunidades de la convivencia saludable, mediante el ejercicio de la tolerancia y de la fraternidad.

Tal ejercicio es un entrenamiento para la comprensión de los comportamientos tan diversos que serán enfrentados en los relacionamientos fuera del hogar.

*   *   *

Jesús nos deja muy claro la importancia de la institución familiar en el mundo.

Mostrando apenas una de sus mil matices benditos, el Maestro refuerza la dedicación que debemos aplicar en el hogar.

Somos co-creadores y tal deferencia nos debe hacer sentir honrados y felices.

No creamos almas, pero contribuimos para la creación de los nuevos cuerpos que reciben, diariamente, Espíritus que todavía necesitan volver a la carne.

Así, de los lazos de sangre, por la íntima relación que proporcionan, nacen nuevos amores o se fortalecen antiguos.

De los lazos de sangre nace la oportunidad del reajuste, del perdón, de la aceptación.

De los lazos de sangre surge una nueva historia, el renacer del agua y del Espíritu, la chance de rehacer los caminos.

De esta forma, necesitamos estar atentos a la familia que nos abraza.

Están allí, muy claro para nosotros, los mayores objetivos que nos traen a más de una encarnación en la Tierra.

Están allí, en las diferencias y afinidades que nos unen, las pruebas benditas que nos harán mejores hoy de lo que fuimos ayer.

Están allí, en el corazón del padre, de la madre, de los hermanos y de los hijos, las semillas de la nueva era de paz que se establece gradualmente en el globo terrestre.

La paz en el mundo vendrá de los hogares. La paz en el mundo vendrá del amor de los padres a los hijos.

Vendrá de la tolerancia y del respeto de los hijos en relación a sus padres. Vendrá de la amistad entre los hermanos.

La paz en el mundo reinará cuando haya amor completo en las familias.

 

Redacción del Momento Espírita con base en el cap. 14

del libro El mensaje del Amor Inmortal, por el Espíritu

Amélia Rodrigues, psicografía de Divaldo Pereira Franco, ed. Leal.

En 29.06.2010.

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